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Héctor Gagliardi
El poeta de las cosas simples

Existe esa galería de personajes únicos en lo suyo. Se podrá decir que no cantan bien, pero nadie canta así; o que no actúan de manera brillante, pero ¿donde otro que mire así a la cámara?; o que la calidad literaria de sus textos no es brillante, pero quién escribió versos como lo hacía Héctor Gagliardi. Tan buena como mi vieja / y como ella nerviosa, / de las que agrandan las cosas / y que por nada se quejan. / Tenía entre ceja y ceja / esa cuestión del aseo / y en lo mejor del recreo / revisaba las orejas. / Decía que un pajarito / al oído le nombraba / los niños que conversaban / cuando salía un ratito. / Y si un grandote de quinto / armaba la tremolina, / parecía una gallina / cuando tiene los pollitos. Así le escribía a la maestra, y con la misma candidez lo hacía a los colimbas, a la madre, a las bolitas, a la payana, a la suegra, a la novia.

Por Gustavo Grosso
 

"Nací en la calle Lima al 900, barrio de Constitución. Mi familia era muy pobre y papá murió cuando yo era un pibe, apenas terminé el colegio me puse a trabajar. Cuando llegué a la juventud nos fuimos a vivir a San Telmo y comencé a frecuentar un café en la esquina de Defensa y Chile, cuando con los muchachos nos portábamos mal, el dueño nos suspendía o no nos dejaba entrar o no nos servía el café. Era la época que con dos pesos en el bolsillo uno era dueño del mundo, pero costaba conseguirlos. A los veinte años, inspirado en ese ambiente de barrio empecé a escribir versos. El primero fue Media noche que luego musicalizó Troilo", contó el hombre que fue amigo de Celedonio Flores. Gagliardi fue el arquetípico porteño, la radio lo hizo popular y llevó su arte a los clubes y a los teatros. Decía versos sencillos, que exaltaban un sentimiento melodramático: acaso no era triste lo que escribía, sino que esa melancolía estaba en quienes iban a escucharlo. Otro tiempo, otra vida, otro ritmo. "Lo mío fue muy rápido, el mismo año del debut en radio apareció el primer libro Puñado de emociones, que me prologó otro gran amigo, Alberto Vacarezza. Lo sacó la editorial Julio Korn, sólo dos mil ejemplares. No le di mayor importancia y durante quince días no aparecí por la editorial, anduve en otra cosa, hasta que en la calle me encuentro con el gerente, me andaban buscando, los libritos se acabaron enseguida y ya estaban imprimiendo diez mil más. Después salió Versos de mi ciudad, Por las calles del recuerdo, con prólogo de Homero Manzi, Esquina de barrio, prologado por Cátulo Castillo, más adelante El sentir de Buenos Aires. En total, entre todos, un millón y medio de ejemplares". Imaginar hoy, en tiempos urgentes, de internet y twitter, a un autor vendiendo más de cien mil ejemplares es casi una utopía: los libros de Gagliardi se vendían de a miles.

Señora doña Romilda / "sargentoni de inflamable", / le extrañara de que hable, / pero su yerno respira / porque el aire se lo fían / en una estación de engrase. / Espere de que descanse... / ¡no hablo hace quince días!... / El hombre nunca escarmienta, / mire, que se lo avisan / unos, con la sonrisa, / otros, que se lo cuentan, / los parientes que comentan, / las caras de los casados... / pero uno es obstinado / y el que la busca encuentra, le escribía Gagliardi a la suegra. Escribió mucho y muchos de sus versos llegaron a ser musicalizados y llevados al disco: Alergia (milonga) con Enrique Francini, Primer beso (vals) con música de Carlos Dante y Pedro Noda, Humillación con Pedro Vergez, Perdoname hermano, con Edgardo y Osvaldo Donato, Uruguay yo te saludo, con Donato Racciatti, y muchos más. "Sé que dicen que mis versos no están a la altura de los grandes poetas, pero no me preocupa. Simplemente soy un creador sincero que le canta a las cosas que conoce y quiere. En mis versos no hay trampas ni mentiras, son realidades que yo conocí de una ciudad llena de encantos, que ahora también los tiene, pero antes era más familiar, nos conocíamos más, éramos compinches, por la calle Corrientes nos saludábamos de vereda a vereda. A mi poesía no la sabría definir con exactitud, pero puedo asegurar que el pueblo la entiende bien". Gagliadi fue único en lo suyo: Sos la pitada final del cigarro que se fuma, sos un barbijo de luna en un patio de arrabal, sos tango sentimental que me llena de tristeza y sos la media cabeza del Gran Premio Nacional, escribió para homenajear a Buenos Aires. Hay que decirlo: Sandro no cantaba bien, pero ¿quien como Sandro?; los aforismos de Narosky no son ninguna pieza para el Nobel ¿pero donde vive quien haya escrito tantos?... Nadie como Gagliardi, el poeta de lo popular.


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