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Daniel Viglietti
"Busco ser leal a mis convicciones en búsqueda de un mundo diferente"
El artista uruguayo llega Buenos Aires para presentarse el 11 de febrero, en Caras y Caretas. Gustavo Grosso lo entrevistó para el Boletín Folklore
 
Viglietti en el Festival de Cosquin, enero 2014, Foto Carlos Paul Amiune
por Gustavo Grosso,03.02.2017

Daniel Viglietti es músico, poeta, guitarrista, cantautor, compositor e intérprete. Y uruguayo hasta la médula. Es también docente, investigador cultural, comunicador, realizador y conductor de programas de radio y televisión, periodista, cronista y entrevistador. Humanista solidario y referente ético. Es constructor de identidad cultural y ética, es referente fundacional de la música popular uruguaya y latinoamericana. 
A lo largo de más de cinco décadas su aporte creativo ha sido invalorable, cosechando un amplio y calificado reconocimiento nacional e internacional. Realizador de programas culturales radiales y televisivos emitidos en Uruguay, Argentina, España, Francia, Alemania, México, Venezuela y Suecia.
Por su intensa sensibilidad social y vocación solidaria, es defensor permanente de los derechos humanos y de la libertad de pensamiento, cumpliendo un papel singular en el ámbito de la cultura transformadora.

Lo que sigue es lo que dice y piensa Viglietti.

Usted es protagonista de una trayectoria de más de 50 años ligados a la música, a la cultura. ¿Qué le sigue significando subir a un escenario y cantar sus canciones?

Daniel Viglietti: -Ya hace diez años que festejé cincuenta de carrera. O de camino lento, prefiero decir, porque nunca se me dio eso de correr detrás de no se qué… Ya estoy entonces cumpliendo sesenta. Ojalá  que fueran de edad, ¿no? Subir al escenario siempre tiene algo de reencuentro, si pienso en el público que ya me conoce, y de desafío, si pienso en los que me descubren.  Esos en general son los jóvenes, a veces influidos por sus padres que les sugieren oír a los viejos referentes de ellos. Yo no hago esfuerzos especiales para llegar más a los jóvenes, siempre trabajo naturalmente. Sigo amando mi oficio y con la tensión de cada actuación, la mezcla de amor y compromiso creo que funciona. Sigo cantando lo que pienso y lo que vivo y vive nuestra gente, y siento en cada concierto ser leal a mis convicciones en búsqueda de un mundo diferente.  

¿Cómo analiza el momento social y político que atraviesa la región?

DV: -Sin ser politólogo, seré breve y lo que pienso sé que lo comparto con mucha gente. Sin haber llegado a las distancias que en mi generación queríamos recorrer en las propuestas de cambio, ahora hay un traslado de las fichas hacia la derecha del tablero. Hoy, por ejemplo, Trump  acentúa esa línea con el fanatismo con que un verdugo prepara la soga para una horca. La derecha es lo que es, etcétera, y no vamos a gastar energías repitiendo sus violencias e  injusticias. Tenemos que pensar también en las responsabilidades de la izquierda en todo eso. Izquierda, progresismo, en fin, elíjase el término según los mapas y sus respectivos gobiernos. Para que no se tropiece otra vez con las mismas piedras, ¿verdad? Para tratar de estar más a la altura de aquellos y aquellas que han dado sus vidas por cambiar la sociedad.

¿Sigue juntando material en su memoria sonora? ¿Qué material le resulta de mayor interés?

DV: -Entre todos los materiales que recojo, como entre los hijos si se tienen varios, es muy difícil para uno mismo marcar las preferencias. Yo tengo, entre mis cosas positivas y mis desaciertos, un aspecto de curiosidad en mi modo de ser. Soy curioso de los otros y las otras, mis congéneres, mis colegas de trabajo cultural, y me sigue atrayendo entrevistar a músicos, escritores, cineastas, pintores, gentes del teatro, de la danza, en fin, todos aquellos que trabajamos con la emoción. Y sigo siempre sumando testimonios de todo eso, aquí y allá. En ese sentido, por mencionar un caso,  recientemente he descubierto a un dúo colombiano, dos hermanas gemelas, que me han sorprendido en un trabajo musical que partiendo a veces de lo mínimo, llega muy lejos creativamente: Valentina y Juanita Añez. Las he difundido en mis programas.

¿Cuáles son los sonidos de su infancia que guardó para siempre? ¿Qué músicas escuchaba cuando era joven?

DV: -De la primerísima infancia en Montevideo, y un poco en Paysandú, por lo que me contaron en la familia después, lo que más me atraía cuando era muy gurisito era el sonido de las palomas que yo solía imitar, y el ritmo de los tamboriles, en las primeras salidas a la calle en fechas de carnaval. Después del impacto de la película “Fantasía” de Walt Disney y de la irrupción de la música por esa ventana, cuando tenía cinco años, al poco tiempo nos mudamos a un barrio entonces semi rural de Montevideo, Sayago, cerca de la estación de ferrocarril. Me marcó  mucho la influencia musical familiar. El piano clásico de mi madre, Lyda Indart, valiosa concertista toda su vida, que ha dejado un disco cedé publicado por el sello Auuí, con música de compositores latinoamericanos, entre los cuales los argentinos Alberto Ginastera y Carlos Guastavino.  Y la guitarra folclorizante de mi padre, Cédar Viglietti, también investigador y escritor, todo eso marcó para siempre mi vocación. Mi padre interpretó en guitarra entre otros autores al argentino Abel Fleury, que le dedicó una de sus composiciones. Eran muy amigos. Y otra columna fundamental en las influencias cercanas fue la de mi tío José Indart, de esa parte de mi familia que es fraybentina. El tío era un músico nocturno, muy talentoso, que muy joven acompañó en giras a Europa al trío Irusta- Fugazot y Demare, y en medio de múltiples tareas musicales más tarde hizo arreglos para  mi disco “Canto libre”.  O sea que era evidente que yo no estaba destinado a ser carpintero, abogado  o trapecista, aunque tengo lazos de parentesco con los Podestá, la gente de circo...
En cuanto a las músicas que oía de niño, por una oreja entraban Stravinsky, Beethoven, Rimsky Korsakov, Mussorgsky. Prokofiev, Falla, Debussy, Ravel, Bartok, Fabini, y tantos otros compositores. Y por la otra oreja, el profundo Atahualpa Yupanqui, los Hermanos Abalos, con cuya música aprendí a bailar danzas nativas, Los trovadores de Cuyo, y una voz que me hizo tratar de imitarlo y sentirme capaz de cantar, Antonio Tormo. Como ven, mucha influencia argentina en aquella época. Con mi padre, su guitarra, sus investigaciones y su novela “El Clinudo”, también aprendí mucho de las artes y las costumbres del Uruguay de tierra adentro.

Su arte de músico, autor y poeta se fue extendiendo a la docencia, a la comunicación, a la conducción de radio y televisión ¿Cómo convive con tantas facetas? ¿Sigue llevando un grabador a todos lados?

DV: -No sé si a todos, pero cuando no lo llevo a veces lo lamento. Afortunadamente pude, a través de los años, entrevistar a varios  músicos y poetas uruguayos que nos han dejado: Idea Vilariño, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Capagorry,  Carlos Molina, Aníbal Sampayo. Alfredo Zitarrosa, Jorge Lazaroff, Eduardo Darnauchans, José Carbajal El Sabalero, entre tantos que se nos fueron. Y entre los que siguen activos entrevisté a Los Olimareños, bueno, ahora de nuevo separados, Washington Carrasco y Cristina Fernández, Rubén Olivera, Mauricio Ubal, Laura Canoura, Ana Prada, Samantha Navarro, Rossana Taddei,  Leo Maslíah, Fernando Cabrera, Larbanois-Carrero, y rockeros, como Tabaré Rivero…  la lista es larga, tendría que estar un rato diciendo nombres. Y fuera de fronteras, un clásico que es mi preferido en la música brasileña, Chico Buarque, la venezolana Cecilia Todd, Los Folkloristas, de México, Susana Baca de Perú, Isabel y Ángel Parra de Chile. Y en Argentina, Liliana Herrero, Teresa Parodi, el Tata Cedrón. Y entre varios más, el cuarteto de Pablo Tozzi. Pienso entrevistar próximamente a ese popularísimo artista nuestro que es Rubén Rada, a los argentinos Liliana Felipe, y al pianista Carlos Aguirre y a un grupo muy inquieto que se llama  Chancho a Cuerda.  Y trataré de encontrar a Vitillo Abalos, el que sigue siempre activo de aquellos legendarios hermanos.

¿Sigue existiendo la canción de protesta?

DV: -Esa fue una definición que vino de la “protest song” de los Estados Unidos de Woody Gutrhie, Pete Seeger, Phil Ochs, Malvina Reynolds, Joan Báez, etc. Los cubanos la adoptaron para clasificar aquella enorme lista de músicos que intervinimos en 1967 en  el legendario Festival de Canción Protesta que organizaron notablemente en la isla con participantes de todos los continentes. A mí me han aplicado mucho el término “protesta” pensando en canciones mías de opinión como, entre otras varias, “A desalambrar” o “Canción para mi América (Dale tu mano al indio)”. Sin tener en cuenta tantas otras canciones mías de otro estilo. En fin,  yo prefiero llamar a lo que hago canciones humanas, parafraseando al gran poeta peruano César Vallejo y sus “Poemas humanos”. Aplicando el término humano en una época donde hay que enfrentar tanta inhumanidad, desde guerras como la de Irak a la prisión de Guantánamo, desde la justificación imperial de la tortura hasta las masas de gentes que emigran buscando otro horizonte y se cruzan con muros y con aduanas que antes se abrían para recibir mano de obra barata para el primer mundo. Canciones humanas, en un planeta infectado de xenofobia y racismo. Canciones que no resuelven nada, se sabe, pero ayudan a sentir y reflexionar y tomar más conciencia de lo que nos pasa. Yo tomé esa conciencia, siendo joven, oyendo a Yupanqui y leyendo a Nicolás Guillén. Me ayudaron a entender muchas cosas, a afirmar la rebeldía, y así algo cambió en mí. Por eso, entre otras razones, creo que el arte puede ser un instrumento de apoyo al cambio.

¿Cómo ve a las nuevas generaciones de músicos uruguayos? 

DV: -Los veo, los oigo  numerosos, muchos ahora en formatos grupales, colectivos, adoptando formas de canción diferente, más coloquial, en versiones accesibles, que se vuelven muy populares. Es el caso de “La banda de Toby”, de “No te va a gustar”, entre tantos numerosos ejemplos. Hay músicos de generaciones jóvenes y no tan jóvenes con un lenguaje propio, como los Drexler, los Fattoruso, Luciano Supervielle, Bajofondo, Martín Buscaglia, Jorge Schelemberg, Diego Kuropatwa, entre muchos otros. La música sigue vivita y sonando. Aunque ahora parezcan más difíciles los saltos hacia adelante como en la época de “Los que iban cantando” (Bonaldi, Da Silveira, Lazaroff, Trochón), esas líneas creativas nacidas de las enseñanzas de maestros como Coriún Aharonián o Graciela Paraskevaídis, que tanto nos han aportado a todos dentro y fuera de fronteras.  

Con su música ha recorrido el mundo ¿Cómo es volver a Buenos Aires, el reencuentro con el público argentino?

DV: -Es cierto que he andado muchos caminos guitarra en mano. Buenos Aires fue siempre “la casa de al lado”, parafraseando a Cabrera, para mi música y la de tantos otros compañeros.  He cantado tantas veces ahí. Durante los últimos años he seguido haciendo radio en la Nacional Folclórica, los domingos a las 21 horas, y en la AM 870 cuando nace el lunes, a la 1 y 30 de la madrugada. Realicé varios ciclos de mi programa de televisión “Párpado/Yo pregunto a los presentes” en Canal Encuentro, que espero retomar en un futuro cercano. Por primera vez me invitaron al Festival de Cosquín, con homenaje incluido. Cosas de la veteranía...

Volver ahora a Buenos Aires con mi oficio primero de cantautor es un retorno que me entusiasma mucho. Volver en el 17, haciendo un guiño a Violeta a un siglo de su nacimiento. Ir y volver, volvir, (como titulé una canción en obra) en los vaivienes (de mi disco Esdrújulo) de esta vida en la que hay que seguir defendiendo la alegría y la memoria. Esas banderas sostenidas por todos aquellos que soñamos con un mundo más justo. Los que siguen luchando por eso cada día y los que nos fueron arrebatados, y a los que tenemos que seguir recordando y ayudando. Compañeros del alma, nuestroamericanos que siguen reclamando justicia en la lucha contra la impunidad.

Hay un almanaque donde hay fechas que no se pueden olvidar, como el 24 de marzo de ustedes, como el 27 de junio de nosotros. Ya tendremos un 1ª de enero como aquel en que Fidel y los suyos entraron a La Habana el primer día de la Revolución Cubana. No, no será igual, será nuevísimo y lo fundarán los gurises y las gurisas. Como decía Mario, el poeta: lento pero viene.   

 
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Daniel Viglietti en concierto
Sábado 11 de febrero a las 21 hs
Sala Caras y Caretas, Sarmiento 2037

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