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Osvaldo Peredo y Gabriela Novaro presentan su nuevo disco
Juntos, por un berretín bien tanguero
La cita, todos los domingos de mayo en El Camarín de las Musas, espacio porteño
 
Foto: Prensa
por Gustavo Grosso,05.05.2017

Gabriela Novaro y Osvaldo Peredo presentan Berretín, un disco en el que dialogan tema a tema, recorriendo clásicos como el vals “Pequeña”, los tangos “Tú” y “Torrente”, o los contemporáneos “Gualicho de luna” y “Milonga del raje”. Van hilando una especie de historia que transcurre, como diría Cadícamo, entre “amores y penas que todos tenemos”. Novaro y Peredo -convertido en cantor de culto de las nuevas generaciones que lo conocieron en El Boliche de Roberto, templo del tango off- despliegan así sus cualidades interpretativas poniendo todo al servicio de cada letra. Todos los domingos de mayo en El Camarín de las Musas, los acompañarán Hernán Reinaudo en guitarra -a cargo de los arreglos del disco-, y Nicolás Enrich en bandoneón, más otros artistas invitados.

¿Cómo se gestó la fusión? ¿Cuál fue la génesis del disco Berretín?

Osvaldo: -Fue a partir de una idea de Gabriela Novaro. Ella tuvo la creatividad de intentar manifestar el tango de esta manera. Muy pocos lo hicieron así hasta ahora, es una forma especial de expresarlo, como si fuera una opereta. No es actuado, pero sí dicho de modo distinto al que se lo suele ver en los shows de tango. Nos conocemos desde hace unos cuantos años y conozco bien su manera de cantar e interpretar. Me lo propuso, me gustó la idea y lo trabajamos durante más de un año hasta que lo presentamos. También quiero destacar la importancia de la dirección musical, la calidad y el compromiso de Hernán Reinaudo.

Gabriela: -Hace algunos años me contacté con Osvaldo porque lo admiraba y quería aprender de su estilo interpretativo: conocer los hilos de su proceso al encarar cada tango y a la vez, escuchar sus sugerencias y consejos. Después de un tiempo empezamos a cantar juntos en muchas presentaciones -¡un inmenso orgullo para mí!- y finalmente armamos este trabajo de dúos, que se plasmó en el disco y el show que estamos presentando en El camarín de las Musas.

Gabriela, usted enseña a cantar, enseña acerca del tango ¿Qué se aprende cuando se enseña?

Gabriela: -En mi trabajo como docente comparto algunas cuestiones técnicas, de conciencia corporal y empleo funcional de la voz, que me parecen fundamentales para disponer de un instrumento libre y sano al servicio de la interpretación. En una espiral que nunca termina, aprendo continuamente al ponerme en el lugar del otro y, al asumir miradas diferentes, completo el conocimiento que creía tener.

¿Cómo era una noche en El Boliche de Roberto?

Osvaldo: -El esplendor de El Boliche de Roberto fue en una época en la que no había tango en Buenos Aires y se llenaba de turistas y de gente local. Era todo muy casero, empezaba a las 23 y seguía en continuado hasta el amanecer, terminaba a las siete de la mañana y a lo largo de las horas yo hacía tres entradas con Agustín Ortega. Había mística, había bohemia… venían chicos jóvenes a escuchar y muchos de ellos se convirtieron con los años en intérpretes que actualmente forman parte de orquestas o cantan por tantos lugares de tango que después fueron apareciendo. Después que murió Roberto no fue lo mismo; lo continuaron los hijos y al tiempo lo vendieron. Estuve ahí hasta hace unos cuantos años. ¡Era tango tango!

Usted es un amante del tango y del fútbol ¿Qué puntos tienen el común esas dos pasiones argentinas?

Osvaldo: -El fútbol, el tango y agregaría el box eran todo parte de la misma pasión. Era “porteñismo” o, mejor dicho, te diría que era “país”. Todo era más casero, de “entrecasa”: ahora a los jugadores los hacen los clubes; antes eran virtuosos, no había tecnología. Antes el cantor era “la esquina” y el jugador, “el potrero”. Ahora, el cantor es el conservatorio y el jugador, el gimnasio.

¿Qué músicas escucharon por primera vez? ¿Qué sonidos de la infancia guardaron para siempre?

Gabriela: -Mi madre tocaba música clásica en el piano que aún conservo y mi abuela María, que falleció cuando yo era muy pequeña, también cantaba. Recuerdo algunas zambas y tangos de Mariano Mores, pero me pasó algo interesante con el vals “Pequeña”, de Expósito y Maderna: lo escuché, por primera vez siendo adolescente, por Mercedes Sosa y Colacho Brizuela, y me encantó. Cuando después de varios años lo canté en un show, observé a mamá muy emocionada y pensé que simplemente le había gustado la versión. Al acercarme me dijo que aquella abuela, su madre, me cantaba “Pequeña” para acunarme. Yo no lo recordaba en absoluto y creía haberlo descubierto en la versión de Mercedes.

Osvaldo: -Tango, lo primero fue el tango. Para que me guste otra música más que el tango me tienen que lavar la sangre. Cuando empecé a estudiar música tenía dieciocho años y lo hice con romanzas de óperas y seguí con boleros. Después de un tiempo un amigo me llevó a ver tango y lo empecé a cantar. Ahí descubrí que no existe el antibiótico contra el tango.

Fue invitado a cantar por orquestas de gente joven, como Amores Tangos, Tango Bardo y Orquestas Victoria ¿Cómo ve el panorama actual del tango y sus nuevos intérpretes?

Osvaldo: -Creo que se viene una tormenta de tango, hay que renovarlo porque el tango nunca fue ni será para la cancha de River, el tango es íntimo. Aunque hay nuevos intérpretes lo siento muy distinto al “sabor” de mi época. Quizá el problema no sean los nuevos, sino mi edad… Los viejos tangos todavía son nuevos para mí, siempre encuentro algo nuevo en los grandes como D’Arienzo, Troilo, Di Sarli, Pugliese, o los que estaban un poquito más atrás, como Tanturi, Caló y otros. Cuando empecé, recuerdo que todos laburábamos en la semana en distintas cosas y nos hacíamos tiempo para ensayar y tocar los viernes, sábados y domingos, o hacer reemplazos. Y esto me trae a la memoria a un tipazo con el que empecé: José Zacanino era el director de la orquesta y las orquestas eran grandes en esa época. En la nuestra había cuatro bandoneones, cuatro violines y montones de instrumentos más, eran grandes.

¿Es verdad que el tango no tiene apuro, que el tango nos espera...?

Gabriela: -Se dice que el tango nos espera. Sin embargo, algunos de los autores más importantes eran adolescentes cuando compusieron tangos que hoy son clásicos. Recordemos, por ejemplo, a Expósito, con “Naranjo en flor”, o Manzi, Discépolo y Contursi con innumerables obras que hoy siguen formando parte de los repertorios de todos los cantores de tango. Actualmente hay muchos jóvenes que aman el tango y componen obras hermosas. Por otra parte, la profundidad de las letras demanda una madurez que no se alcanza solamente con los años. En fin, es para seguir pensando…

Gabriela: Está trabajando en el disco Quisiera amarte menos ¿De qué se tratará este trabajo discográfico?

Gabriela: -Quisiera Amarte Menos es el nombre de un hermoso vals de Canaro y Amadori, que da nombre a mi tercer trabajo como solista, relegado momentáneamente por este Berretín de cantar con el cantor de tangos que hoy más me conmueve! Ya llegará.

¿Cómo y por qué comenzó a cantar tangos?

Gabriela: -Después de años de estudiar música de cámara y cantar en prestigiosos coros, me acerqué al jazz. Las versiones de tango clásico más difundidas en ese momento me resultaban rígidas o antiguas, excepto Goyeneche o el tango nuevo de Eladia Blázquez por Susana Rinaldi. Pero fue cuando escuché a Rubén Juárez, su fraseo y su musicalidad, que pensé: ”si el tango también es esto, entonces sí, me gusta el tango”. Recuerdo especialmente su “Último tango en Buenos Aires”, su versión inigualable de “Sin lágrimas” o el hermoso “Ciudad de nadie”, de Szwarcman y Ogivieki. De ahí en más, las letras me atraparon y ya no me sentí cómoda cantando en un idioma que no era el mío.

Discépolo decía que para escucharlo había que tirarse abajo de la cama y apagar la luz ¿Cuáles son sus berretines?

Osvaldo: -Cuando escucho me meto tanto en cada disco, con tanta intensidad, que no escucho más de tres o cuatro temas. Siento diferencias, ahora no hay “grela”, no hay “mugre”, aquellos músicos tenían otra mística. Bajo la luz, pongo la música y escucho con todo el cuerpo y necesito algo que muchas veces siento que ahora falta: creerles cuando me describen un paisaje, un barrio, un amor o un desengaño. Necesito que me cuenten algo porque, ya que antes hablábamos de fútbol y tango, te diría que el cantor que no frasea es como un jugador que no amaga.

 
+Entrevistas

Gabriela Novaro Y Osvaldo Peredo presentan su disco Berretín
Domingos 7, 14, 21 y 28 de mayo - 19.30 hs.
El camarín de las musas, Mario Bravo 960, C.A.B.A.

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