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Florencia Dávalos
"Amo cada canción que elijo cantar e intento transmitirlo a través de mi voz"
La intérprete actuará en la segunda noche el ciclo Ellas en la Voz, que se lleva adelante en el Teatro Monteviejo de Buenos Aires, el próximo jueves 17 de mayo.
 
Foto: Prensa
por Gustavo Grosso 14.05.2018

Florencia de la música, Florencia de la voz, de la memoria, del andar cantando, del sentir y de la razón. Florencia Dávalos es una de ellas en la voz, es cantora. Florencia saldrá a cantar en el ciclo Ellas en la voz y antes de subir al escenario del Teatro Monteviejo, habló con Boletín Folklore sobre esta presentación y también sobre el disco que está gestando. El ciclo, que arrancó con un homenaje a Violeta Parra a cargo de Chiqui Ledesma, Dorita Chávez, Carla Giannini, Paula Ferré y Norma Peralta y seguirá en junio con el Espiral de Mujeres Guitarristas, se propone echar luz a la voz y al decir de lo femenino: la voz que canta y expresa texturas diversas.

En Ellas en la Voz incluye nombres de enormes cantoras, habita lugares ¿Por qué le dijiste sí a este ciclo?

Florencia Dávalos: -Con su creadora y productora, Natalia Sordi, venimos trabajando hace un tiempo y compartimos un criterio estético, una mirada sobre el arte. La propuesta del ciclo Ellas En La Voz me convocó especialmente por el horizonte que persigue: “…echar luz a la voz y al decir de lo femenino…” La voz como hilo que va tejiendo los diversos decires y sentires formando una trama de variados colores y texturas en un recorrido por la música folklórica de nuestro continente. Es importante destacar que el ciclo propone una reunión de cantoras, a las cuales admiro particularmente, por su calidad artística y humana. Es una gran oportunidad para poder compartir con otras mujeres un proyecto artístico con un cuidadoso respecto por la particularidad de cada una de las propuestas.

Estás trabajando en un nuevo disco ¿Qué recorrido te proponés para ese proyecto?

FD: -El nuevo disco propondrá un recorrido por canciones que relacionan a la mujer con la memoria poética y musical de nuestro continente, donde lo femenino, misterioso e inasible, se escurre buscando un cauce común, una nueva forma al encuentro con lo propio. La fuerza de lo anónimo, la diversidad de voces poéticas, ritmos, colores y temáticas serán los ejes de este recorrido.

¿Se puede decir que el cantar es un compromiso? ¿Cómo y por qué lo asumiste?
FD: -Puedo comenzar a contestarte con éstos versos tan sentidos de Víctor Jara: “Yo no canto por cantar /ni por tener buena voz /canto porque la guitarra/ tiene sentido y razón” o éste otro que cantaba Cecilia Todd: “El cantar tiene sentido entendimiento y razón”. Cantar, canto desde que tengo memoria. No era consciente del compromiso que significa ser una cantora y de hecho anduve muchos años jugando a las escondidas con el canto. Hasta que me encontró. Ese encuentro con lo propio fue el inicio de un nuevo camino. No era cantar por cantar nomás. Había algo mucho más profundo por descubrir en ese camino. A los tumbos una va andando, sin mapas ni brújula. Algo te va llevando y te dejas estar en eso. Y en ese “estar estando”, encontré algo, me encontré. Fue como una revelación en la que la pasión y la emoción me acompañan, ambas son movimiento. Lo asumí con todo el amor que se merece la tarea de comunicarme cantando. Amo cada canción que elijo cantar e intento transmitirlo a través de mi voz. Es un encuentro con la identidad, en mi caso, fuertemente ligada a mis padres. Asumí mi identidad y me apropié de ello. Eso me sostiene.

¿Qué te dice Humahuaca? ¿Qué te significa andar esos lugares?

FD: -El vínculo con Humahuaca y con toda la quebrada es muy especial porque he ido desde muy pequeña ahí. Es mi lugar en el mundo. Ese paisaje, la gente y sobre todo el silencio, ejercen un gran poder sobre mi espíritu. Es como si llegara a mi casa. Allí estoy en calma. Tengo hermosos recuerdos de viajes a la Quebrada con mi familia en el mes de Febrero para los Tantanakuy, que se realizaban los días previos al carnaval. Estuve en los carnavales, en ruedas de copleros y copleras, cantando y bailando hasta el amanecer; desenterrando el diablito en la punta del cerro y bajando a los saltos serpenteando las callecitas de Humahuaca, con el diablo azuzándonos los pies. Allí, entre el pueblo, encontré la música andina. Allí comprendí el significado de lo colectivo. Encontré gente que vive con poco pero dignamente. Encontré alegría, amor, picardía, juego, amistad, compañerismo y la tristeza, esa fiel compañera que se espanta al llegar el carnaval. Esa música está impresa en mí a través del querido Jaime Torres, que nos la hizo amar como ninguno, con su charango; elevándola maravillosamente, como solo un genio puede hacerlo. Cada vez que hacíamos estos viajes la encontrábamos en cada esquina y nos desvelábamos con el Erque y el Acordeón de Fortunato, bailando en la Cacharpaya o riéndonos con las coplas pícaras de las Hermanas Cari, tocando en una rueda de sikuris con los Mitimaes. Muchos recuerdos, muchas andanzas y la música presente en cada momento.

Dicen por ahí que existe otro mundo, pero habitamos en éste. ¿Cómo es el mundo de Florencia Dávalos?

FD: -A veces siento que vivo en algún mundo paralelo. Mi mundo cotidiano es criar a mi hijo menor, Nicanor. Las mañanas, la escuela, las comidas y los “lleva y trae” de todas las madres. Acompañar esa crianza de la mejor manera. Atravesado por el trabajo donde los viajes son un punto complicado en la ruptura de esa línea horizontal y monótona del diario vivir. Me encanta viajar y por suerte mi madre acompaña este camino con todo el amor del mundo. La música me ha transformado. Necesito salir, andar, decir, compartir cantando. Y por eso ando de aquí para allá con talleres de canto y conciertos. Me gusta conocer lugares nuevos, personas nuevas, abrirme a lo desconocido. El desafío es poder habitar ambos mundos en armonía.

¿Cuál es la memoria de la semilla? ¿Hasta dónde abarca ese concepto?

FD: -Memoria de la semilla es un concepto muy bello y potente. Su sentido es profundo, y aún resuena en mí y en los otros. Abarca desde la raíz hasta la copa y se proyecta más allá en la flor y en el fruto. Vuelvo a decir que “Memoria de la semilla” es religar con el origen, el ser y su identidad. Es una búsqueda constante. Está en movimiento. Y es la voz, savia de ese árbol de sangres que se levanta dentro de uno. La voz es sabia (con B larga) porque sabe. La voz, mi voz, y todas las voces que me habitan, son vehículo de un mensaje que me trasciende.

 
+Entrevistas

Florencia Dávalos en el Ciclo “Ellas en La Voz”
Jueves 17 de mayo a las 21. 
Junto a Mario Gusso, en percusión, Pepe Luna, en guitarra  
Invitadas: Las cantoras Nadia Larcher + Luna Monti + la pianista Mirta Pérez

 
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