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Raly Barrionuevo presentó La niña de los Andamios en la Próspero Molina
El abrazo inolvidable
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La niña de los Andamios
Escribir sobre la historia de uno, los padres, la niñez, la vida, los amigos, compartir un pensamiento, una idea, cantar con el corazón. Todo eso es La Niña de los Andamios, el flamante doceavo disco de Raly Barrionuevo. Un trabajo que, más allá de la excelente factura artística y la impecable producción de Juan Toch, vuelve a una fuente que Raly había dejado por un tiempo y a la que ahora regresa, luego de andar caminos parecidos pero diferentes: el de las canciones populares, esas que se aprenden a corear en seguida, porque en pocos minutos quedan dando vueltas en la cabeza y el corazón. El ritmo, las historias y las melodías tienen mucho que ver con esto, y además son canciones entrañables.
En “Niña de los Andamios”, el tema que da nombre al disco, Raly (cuya voz y sus matices le ponen el sentido a cada frase) habla de su madre. Una figura fuerte que ha dejado, ciertamente una huella penetrante y profunda, tanto como lo ha sido su partida. Pero contrariamente a lamentarse, lo celebra con una chacarera luminosa, que en definitiva pone aquella figura de madre en un pedestal que no es el de los próceres ni el de los santos, sino el de los obreros: él recuerda a su madre sobre un andamio, balanceando su figura como una obrera de la vida. Pegada a esa canción en la que participa como invitado su amigo Lisandro Aristimuño, hay una dedicada a su padre: “Esfera de Cristal”,  la imagen de la partida, la ausencia y el recuerdo pasan como en una película a través de la canción. Lo cotidiano llega con “La de la Plaza” una chacarera dedicada a esas tardes de domingo en la plaza de Unquillo, donde vive, con Elvira Ceballos al piano. En “Amiga tierra Querida” (manifiesto de este tiempo), Demi y Peteco Carabajal suman sus voces e instrumentos a la cadencia de una de las chacareras más fuertes del disco, como lo es también “Seremos Agua”, dos que pronto serán clásicos.
“En tu memoria y tu mañana”, dos queridos amigos y compañeros del camino, ponen su voz a la letra A la tierra volverás, no la hieras nunca más/ Ella cuida de tu flor, tu silencio y tu dolor/ Tu semilla y tu color tu memoria y tu mañana”: José Luis Aguirre y Ramiro González. Otra que va camino a ser clásico. También están “La ocasión”, “Siete palabras” Abre la distancia”, “Hijo de ayer” y la “Huella de los labriegos”, una maravillosa huella que nos recuerda que todavía hay compositores que dejan obras que hablan de esos personajes que están ahí, en este tiempo, trabajando la tierra, como parte del paisaje.
La Niña de los Andamios es un disco para escuchar, una y otra vez de punta a punta. En ninguna de las escuchas suena igual. Por momentos es un disco de folklore, bien criollo, para bailar, por momentos ahonda en la profundidad de sus canciones, pero nunca deja de sorprender. Pasar sin dejar rastro no es el estilo de Raly Barrionuevo. Este disco y esas canciones que pronto van a ser clásicos, lo afirman.

El disco se consigue en http://www.discotrashumante.com
En el marco de la Peña Trashumante, con invitados, el santiagueño ofreció una tarde noche para el recuerdo. Crónica y comentario del disco
 
Foto Paul Amiune
Pao De Senzi, Córdoba, 01.011.17

Pudo haber sido un sábado cualquiera, una peña cualquiera, cualquier presentación de disco. Pensar en la enormidad de la plaza Próspero  Molina, para cualquiera de estas cuestiones, da miedo. Pero la idea que fue un sueño hace unos meses, para cuando La Niña de los Andamios, el flamante doceavo disco de Raly Barrionuevo estaba en la calle, se convirtió en una hermosa realidad.

A las 22.20 del sábado 28 de octubre la luz que era tenue sobre el escenario que tantas veces lo tuvo como parte del festival de folklore, iluminó la figura del cantautor y brotaron los versos de  la chacarera que da nombre al disco dedicada a su madre. Sería ese el cierre de una tarde noche que resultó única e inolvidable.
El nuevo disco de Raly Barrionuevo fue presentado en el marco de la Peña Trashumante, una juntada que se viene haciendo desde hace años en Córdoba, dos veces al año en el Club Atenas. La peña responde a la iniciativa de la Universidad Trashumante – pensada para recaudar fondos para esta movida académico solidaria- que dirige desde hace más de 20 años Tato Iglesias y en donde Raly ha sido protagonista y parte.
El sábado, entonces, el músico no estuvo solo. Con la impecable organización de la trashumante (bien en cada detalle, como los puestos de comida, el orden en la plaza, la transmisión en vivo a través de medios alternativos y vía Facebook Live), en la parte artística también hubo excelencia. Formaron parte de la noche todos los invitados del disco y algunos más, como Paola Bernal, el Dúo Caserito, Ningyo, Eliptica Danza, el Negro Valdivia y su compañera Karina Rodríguez, que pusieron esa otra pata fundamental de las movidas trashumantes: la danza.

Prevista para el comienzo del recorrido peñero, la coscoína Paola Bernal fue quien abrió el juego, con ya gran cantidad de espectadores bajo el sol de la tarde. Antes, dúo Caserito desplegó voz y guitarra frente al sol, como anunciando la llegada de las canciones del corazón. Paola arrancó con  la versión de “Amor Ausente”, del querido Titi Rivarola y “Bagualín” de Orozco Barrientos, y luego dedicó unos minutos para hablar sobre el Encuentro de Pueblos Fumigados que se llevaba adelante ese día en Cosquin. El anuncio de Paola sería junto con otros momentos de la noche, una correspondencia con el compromiso que conlleva el sentido de estos encuentros. Luego llegaron Los de Unquillo, una agrupación que suele compartir tardes de domingo en la plaza de esa ciudad junto a Raly, en juntadas espontáneas que se hacen desde hace algún tiempo en donde todo puede pasar. Folklore, mate y ya comenzaron los primeros pies ligeros y las manos en alto.

El cielo comenzaba a poner sus tonalidades rosadas y azules, cuando Ernesto Guevara, quien fue durante diez años integrante de la banda de  Barrionuevo y compositor de algunos temas de su repertorio, se unió a Demi Carabajal para que las canciones de ambos dieran testimonio del folklore que hoy anda haciendo caminos e historia. Juntos entregaron una versión de “Camino al Amor” de Peteco que hizo estallar a la plaza, con el público ya a esta altura colmando las plateas. Llegarían luego Micaela Vita y Juan Saracco, la parte fundamental de Duratierra, una de las agrupaciones más interesantes de este tiempo. Voz  y guitarra para desandar los temas del último disco de la banda, Cría. Con “Sarava” abrieron el juego y la idea de, como dice el tema, “una sensación de agradecimiento, como un augurio de buen viaje a los que fueron y a los que siguen”. Luego, en el tiempo que les correspondió sobre el escenario, Vita y Saracco recorrieron las canciones de sus tres discos. Volverían un rato más tarde para hacer junto a Raly “En el Fresco de la Noche”, otro de los temas incluidos en Cría, en el que el santiagueño participa como invitado.

Un breve intervalo fue suficiente para el armado del set de la banda cordobesa Toch, otra de las que pisan fuerte en este gran momento de la música independiente. Juan Pablo Toch, uno de los integrantes fue el responsable junto con Raly de la producción de La Niña de los Andamios, el disco que en poco más de media hora estaría presentando en ese mismo escenario. “Amor Continental”, “Vuela”, “Pido que vuelvas” (con “Negra” Marta Rodríguez en coros) y “Famatina”, fueron buenos ingredientes para amenizar la espera.
“A la mentira lujuriosa oponemos una vida, hacemos y vamos, y hacemos”, rezaban las voces de la agrupación Ningyo, que sobre el escenario ponía palabras a la danza de Elípica. Papelitos de colores con frases para llevar, inundaban las primeras filas de la platea, mientras detrás a los costados, arriba y el frente del escenario, la danza era la protagonista. Mientras tanto, se estaba armando el set para el protagonista de la noche.  En pocos minutos, la voz de Raly Barrionuevo sobrevolaría Cosquin, abrazaría a las más de 3000 almas presentes en la plaza y abriría otra puerta a hacia lo inolvidable.

Vestido de colores oscuros, remera, pantalón y zapatillas, el santiagueño recorrió su último disco acompañado de cada uno de los invitados que participaron en él: Ernesto Guevara sumó su voz a “Agua de los tiempos”;  Ramiro González y José Luis Aguirre a “Tu memoria y tu mañana”, junto con Juan Toch, el otro integrante de este cuarteto incidental, que  compartieron uno de los momentos – hasta aquí- más celebrados de la noche. Luego, con Lisandro Aristimuño Raly redoblaría la apuesta de las emociones a flor de piel, interpretando entre otros temas “Canción de amor”. Por un momento la plaza recordó aquel viaje del dúo, que culminó en la gira Hermano Hormiga por algunos lugares del interior del país.
Raly cuenta que luego de un viaje a Cuba compuso una canción sobre Latinoamérica, “esa que a veces duele tanto”. Se trataba de “Niña de fuego de la América Sagrada”, que grabó hace unos años junto a Liliana Herrero y aquí, funcionó como bálsamo para una ausencia que remarcó antes de comenzar a cantar: la de Santiago Maldonado.

“Mi madre y Elvira fueron grandes amigas”, contó el músico que a esta altura, ya pasados los nervios del principio, lucía su mejor sonrisa y sus ojos brillosos de emoción. Elvira Ceballos fue la protagonista de la próxima media hora de concierto y lo acompañó en algunas canciones como “De la plaza” (incluida en  el disco) y “La Pulpera de Santa Lucía”. Luego, invitada por su amigo, que se instaló a sus pies, la pianista cantó el bolero “Pensar”. Silencio que explotó en ovación y fue otra de las perlas de una noche que ya culminaba.
“Hace tiempo Peteco escribió una canción que hablaba de sus padres,  que contaba sobre ese momento en el que uno encuentra el camino de su infancia. Y cuando me di cuenta de que lo estaba perdiendo, escribí esta canción, que fue la primera de este nuevo disco”, contó el músico sobre la chacarera “Hijo de Ayer”. Fue la última de la seguidilla de canciones que fueron excusa para el encuentro. Después vinieron chacareras, zambas y escondidos. Después, Raly dijo que todavía quedaban algunas más, y siguió cantando. Y en el final cuando la banda  se acercó al público para saludar, sonó un disco del flaco Spinetta.

Y mientras el Dj Flores movía la bandeja para ponerle música a la retirada, quedaba sonando una frase de Saravá, la canción con la que Duratierra abrió su set: “los cantores que ponen el pecho/ Para cambiar un mundo que está hecho”.

En este mundo, habita Raly Barrionuevo. Y esa es la buena noticia.

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